domingo, 6 de noviembre de 2011

Melancolía (I): Cuando se mezcla con la rabia.

Me siento tan vacía y me da tanto miedo. Más bien desesperada, como si alguien hubiera cogido una sierra eléctrica y me hubiera partido por la mitad. Rota, inútil. No sirvo para nada. Nadie sirve para nada. Loca por dormir entre los brazos de alguien, de que me calme. De que él nunca sea feliz. Me siento como la chica de “las cosas que nunca te dije”. Quiero mi helado.

Y mi puto helado quiere a otra.

Ilusionarse es de estúpidos. Nadie debería tener ilusiones. Se rompen y una parte de ti muere con ellas. Deberíamos de ser tan puros que el dolor no nos tocara.

Nos debería de rebotar y hacer daño al que intenta hacerte daño a ti. Eso sería algo justo. Imagina un mundo así. Sería perfecto.

El problema del hecho de que alguien haga daño a otro alguien reside en que la gente se hace daño la una a la otra sin querer. Muchas veces haces daño sin quererlo. Peor es quien lo quiere hacer. Cómo evitar hacer daño a alguien. Cómo evitar sufrir tú. Quiero saberlo porque me arde el alma. Me siento engañada. Súper estúpida. Muerta por dentro.

Ojalá él sintiera alguna vez el dolor que yo estoy sintiendo. Que yo llegue a ser feliz y él no. Por qué el universo lo pone todo tan difícil. Estoy harta de llorar. Tengo tanta mierda alrededor que me va a asfixiar. Ya me está asfixiando. El universo me agota. La vida me cansa.

En parte supongo que me lo tengo merecido. Mata-hari alguna vez también sufriría. Demasiada gente que me desea y demasiada poca gente que me interese.

Lo único que odio con asco es dormir sola. Quién va a cuidar de mí. ¿Quién?

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