miércoles, 26 de octubre de 2011

Aquel estúpido juego

Me senté a observar como cambiabas los cuadritos de orden. Como si fuera un cubo de Rubick, jugabas con ellos a la velocidad de la luz. Un cuadrito por ti, otro por mí, otro por nosotros y uno por el tiempo. Uno hacia arriba y otro hacia abajo. Directo al cielo y luego al infierno. Ni siquiera te dabas cuenta de que estaba ahí, observándote. Luego añadiste un cuadrito por el silencio, por lo que no nos dijimos. Otro por el cariño. Paladeas tu juego como si de un helado de vainilla se tratara. A mí incluso me gusta. Integras varios cuadritos más, uno por mi amor y otro por tu necesidad de ser amado.

Luego añades tres de golpe. Por ellas. A. S. I. Ya no me gusta el juego. Dejo de mirar. Mi mente se pierde por el cielo azul y rosa. Quiero salir del juego ahora, pero no me dejas. Me está empezando a aburrir. Empiezas a incluir más cuadritos. Uno por tu música, tu guitarra. Quieres añadir otro por mis cuadernos. Esto no te dejo hacerlo, son solo míos. Rasgas las cuerdas mientras miras los cuadritos que están a tus pies. Sabes que estoy ahí, ahora sí. Y me molesta. Rasgas esas cuerdas y a la vez mi alma. Me atormentas. Intento no dejarme llevar pero no puedo.

Tu risa es un cuadrito nuevo. Miras hacia los lados y quedas prendado de las almas puras. Ahora parece que te has cansado. Dices que el juego se volvió rutinario. Me lo pones en las manos contra mi voluntad y te marchas. Silencioso como una nube. Entonces, mirándote como te vas, es cuando integro yo un cuadrito nuevo. Mis lágrimas.

Pasa el tiempo, cierto día te encuentro sin quererlo en las calles de Florencia. Yo había ampliado el juego, había incluido cuadritos nuevos. Por ellos. A. J. G. intentas arrebatarme el juego de las manos, quieres volver a hacerlo tuyo. Hay un leve forcejeo. Nos gritamos como niños pequeños. Ninguno de los dos suelta el juego. Entre tanto forcejeo, Florencia se ríe de nosotros, de nuestra farsa. Das un tirón final y los cuadritos salen todos por los aires. Intentas recogerlos. Años para crearlo y un segundo para romperlo. Yo me río con Florencia de nosotros. Me río mientras intentas reconstruir algo.

Entonces me alejo, sin que ni siquiera lo notes. Ya no estoy ahí, actué a tu manera. Gritas para que vuelva. Decido desde lejos, tan lejos que ni siquiera me puedes mirar a los ojos, empezar un juego nuevo. Mi primera pieza se llama olvido.