miércoles, 21 de diciembre de 2011

Imágenes (V)







-¿Te gusta Coltrane? 
-Sí, ¿Qué pasa?
-Nada, nada. 
-Uy, pero si es maravilloso.
-Si no digo lo contrario, sino que tiene que ver con un estado de ánimo...
-Ajá. Yo creo que cura el alma. 
-Por eso me sorprende, creía que tú de eso ya te habías curado. 

domingo, 11 de diciembre de 2011

Me gustaría tanto decir tantas cosas. Para algunas es demasiado tarde, siempre parece que es demasiado tarde aunque no lo sea. Otras, simplemente, en el momento justo de decirlas se esfumaron, me quedé sin voz viendo su rostro con las piernas trémulas. Cualquiera lo diría. Yo, con lo descarada que soy, no capaz de decir algo. A veces no es tan fácil, a veces fallan las fuerzas.

Me gustaría oír tantas cosas. Para algunas es demasiado tarde, que las digan ahora no tiene ningún valor real, sino de orgullo. Las faltas queman por dentro. Otras, deben de ser tan difíciles de explicar que aún se les debe dar la vuelta. A veces, uno se inventa ciertas cosas para convencerse de algo y se lo cree. Ahí sobra orgullo. Ahí faltan agallas.

Me gustaría ir a tantos sitios. Para ninguno es demasiado tarde y para ninguno me falta aliento. Solo me falta el dinero y que desaparezca esta maldita hastía que me ata con fuerza a la cama y que me devuelva a los sueños. "Que pase rápido, que pase rápido" me repito hacia mí. Que pase rápido este día y que llegue el nuevo. A ver si me trae algo.


domingo, 4 de diciembre de 2011

Imágenes (IV)



Foto: Christina Rosenvinge



Somos como niños. Me he dado cuenta. Jugamos dentro de una habitación, sin que nadie más nos vea. Fuera, solo símbolos; me sacas la lengua, te guiño el ojo. Todos lo saben pero te haces el tonto. Los mientes a ellos y te mientes a ti. Siempre ha sido así. Tú solo espera a que pase el invierno, entonces ya veremos...

No te crees nada de los que digo, solo quieres ser mi amigo, pasas el rato conmigo, cine y luego, de bar en bar...



jueves, 1 de diciembre de 2011

Un poco de Cine: Los ojos de Julia


- Oye, ¿sabes qué?
- Sorpréndeme...
- El otro día vi Los ojos de Julia.
- ¿Y qué tal? ¿Esa no es española?
- Sí, sale Belén Rueda.
- ¿Y qué, te gustó?
- Psé, no demasiado.
- Uy, pero si es de miedo y nueva, seguro que tiene unos efectos guapos.
- Nah, no es nada del otro mundo. Empieza siendo un coñazo. El pelucón que se calza la Belén Rueda no tiene nombre. Pero luego, hacia la media hora, se coge.
- Por lo menos terminará bien...
- Qué va. Es más bien un pero-que-me-estás-contando. Mucha fantasía.
- Leí por ahí que no estaba mal.
- Qué dices. El guión se sujeta por los pelos y aparte es una mierda. No tiene demasiado sentido. La fotografía es demasiado fría y no parece que estemos en España, parece un pueblo de Estados Unidos o algo así. Por no tener, no tiene ni localización espacial clara. Lo único que se salva es Belén Rueda.
- ¿Qué pasa, qué al final resulta que es todo un sueño?
- No seas malo. No, resulta que la tía se tira media película con una venda en los ojos. Sin ver y tal. Y la verdad es que lo hace muy bien. Lo que yo no entiendo es que con lo entrañable que es Lluís Homar haya acabado en esta película.
- El hombre tendrá que vivir.
- También tienes razón.
- ¿Quién es el director?
- Guillem Morales.
- No me suena.
- Es su segunda película.
- Entonces, ¿me la recomiendas?
- Si te apetece dormir, es ideal, ¿eh?
- Ahora la mala has sido tú.
- No sería la primera vez.
- ¿Y qué otras pelis has visto últimamente?
- Chico y Rita. Pero de esa ya te hablaré otro día...

martes, 22 de noviembre de 2011

Imágenes (III)



Sorpresa, sorpresa. La que se nos viene encima. Yo por si acaso me he comprado un paraguas nuevo para cuando empiece a llover más mierda estar algo a salvo. El panorama está tan azul como la habitación de un niño recién nacido y este niño ya está en su plena juventud.

Como canta mi querido Nacho "Tarde o temprano usted lo sabrá, todo se acaba por precipitar".

viernes, 18 de noviembre de 2011

Melancolía (III) Cuando se mezcla con la decepción

Nunca te creía capaz de lo que hiciste, borrar a las personas de tu vida como si fuesen líneas mal hechas en un dibujo. ¿Tú te creías capaz? No soy la primera ni seré la última, te has traicionado a ti mismo tantas veces en ese aspecto. Aunque me hables de ello con tu careta de impunidad y claridad, sé que no son más que mentiras, farsas. Eres más oscuro que el propio infierno.

Desconfías de todo y de todos aunque dices lo contrario. Te lo crees. Te convences de que tus farsas son tan ciertas como la verdad que yo conozco. Aunque en esto, siempre todo es relativo. Me dijiste que me parecía a aquel cuadro de Tamara Lempicka. Te veo a ti más bien como uno de Munch; oscuro y atrayente. Vas de misterioso, piensas que tienes el control. Tú y tu sucio egoísmo arrasáis y arrastráis a los demás, convenciéndolos de tu farsa, para así poder también creértelo tú.

A ratos te odias, odias toda la suciedad que te rodea, que tú mismo creaste. Piensas en los que dejaste atrás, te da pena haberlo hecho. Te gustaría llamarlos pero luego pensando, ¿Qué les dirías? ¿Qué explicación le podría valer? Que fue por egoísmo. Que ya no te servían. Que su luz te daba miedo. O que les temías porque sabías que eran mejor que tú. Después, te arrepientes de haber pensado en ello y les odias, con el odio más oscuro que tu alma puede tener. ¿Qué opinas de todo esto? Pues mira, aunque no quieras (y de eso estoy muy segura), yo te daré la mía.

Hay más Caínes que Abeles en este mundo y ni siquiera Dios sabe por qué.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Imágenes (II)

*Captura de Rewers, del director Borys Lankosz. Ella es Sabina, la actriz se llama Agata Buzek.


Sí eso es, cómete tu libertad en función de otros. Cómetela para después poder revelarte. Para poder vomitarla en la cara de todos aquellos que te la quieren arrebatar. Cómetela, porque en ti estará segura, formará parte de ti como nunca antes lo ha hecho.
Pero después, cuando quieras volver a comértela acuérdate de lavarla, la mierda se queda en ella muy pegada, no vayas a comerte una falsa libertad. Como en Italia, ahora están limpiando sus libertades que han estado manchadas durante doce años. Hay muchas maneras de hacer una dictadura. Algunas no se ven, son hilos invisibles.
Tan invisibles como la libertad que te introduces en la boca y que te comes para poder sentirla tuya.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Melancolía (II) Cuando se junta con la geografía

Hoy hace frío, o yo lo tengo. Me acuerdo de aquel frío de aquella cama mientras oía la lluvia caer. Por estas fechas ya llovía todos los días. Golpeaban en la puerta de cristal pequeños trozos de granizo y la calefacción no funcionaba. Estuvo sin funcionar bastante tiempo.

Desde el balcón de mi habitación, que era de un blanco que asustaba, por noviembre, se veía un parque. Ahí, al lado de una iglesia casi nueva, los quinceañeros tiraban petardos por la noche. Llovía y llovía y salir de casa era como una tortura.

Siempre hacía frío y siempre estaba todo mojado. La casa me atrapaba a más no poder y los sábados salía a la ventura con mi compañero de piso, el fantástico chico cactus. Tenía dos poderes básicos; tocar la trompeta y estar siempre callado. La trompeta la tocaba poco y siempre cuando yo no estaba en casa pero sabía que a veces lo hacía. Vivía de noche y dormía de día. Ambos lo hacíamos, pero yo salía de casa de vez en cuando, él se ponía con el ordenador horas y horas. Me hastió.

Iba con las gallegas, chicas escandalosas en busca de fiesta y algún italiano guapetón. Eran muy divertidas, venían pocos chicos con nosotros. Luces de colores y frío fuera. Gente loca por encontrar amor. Fiestas en las que se vendían las chicas por un par de cubatas. Muchos besos guarros, muchas manos largas.

Días de frío en el sur de Italia y al final, ya ves, todo es culpa de la lluvia.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Imágenes (I)


Anastasia (Lamsweerde & Matadin)



Así es como te veo a ti. ¿Cómo me verás tú a mí?
Te veo así a ti y a todos, no te lo tomes como algo personal.
No siempre es todo tan lineal.


domingo, 6 de noviembre de 2011

Melancolía (I): Cuando se mezcla con la rabia.

Me siento tan vacía y me da tanto miedo. Más bien desesperada, como si alguien hubiera cogido una sierra eléctrica y me hubiera partido por la mitad. Rota, inútil. No sirvo para nada. Nadie sirve para nada. Loca por dormir entre los brazos de alguien, de que me calme. De que él nunca sea feliz. Me siento como la chica de “las cosas que nunca te dije”. Quiero mi helado.

Y mi puto helado quiere a otra.

Ilusionarse es de estúpidos. Nadie debería tener ilusiones. Se rompen y una parte de ti muere con ellas. Deberíamos de ser tan puros que el dolor no nos tocara.

Nos debería de rebotar y hacer daño al que intenta hacerte daño a ti. Eso sería algo justo. Imagina un mundo así. Sería perfecto.

El problema del hecho de que alguien haga daño a otro alguien reside en que la gente se hace daño la una a la otra sin querer. Muchas veces haces daño sin quererlo. Peor es quien lo quiere hacer. Cómo evitar hacer daño a alguien. Cómo evitar sufrir tú. Quiero saberlo porque me arde el alma. Me siento engañada. Súper estúpida. Muerta por dentro.

Ojalá él sintiera alguna vez el dolor que yo estoy sintiendo. Que yo llegue a ser feliz y él no. Por qué el universo lo pone todo tan difícil. Estoy harta de llorar. Tengo tanta mierda alrededor que me va a asfixiar. Ya me está asfixiando. El universo me agota. La vida me cansa.

En parte supongo que me lo tengo merecido. Mata-hari alguna vez también sufriría. Demasiada gente que me desea y demasiada poca gente que me interese.

Lo único que odio con asco es dormir sola. Quién va a cuidar de mí. ¿Quién?

miércoles, 26 de octubre de 2011

Aquel estúpido juego

Me senté a observar como cambiabas los cuadritos de orden. Como si fuera un cubo de Rubick, jugabas con ellos a la velocidad de la luz. Un cuadrito por ti, otro por mí, otro por nosotros y uno por el tiempo. Uno hacia arriba y otro hacia abajo. Directo al cielo y luego al infierno. Ni siquiera te dabas cuenta de que estaba ahí, observándote. Luego añadiste un cuadrito por el silencio, por lo que no nos dijimos. Otro por el cariño. Paladeas tu juego como si de un helado de vainilla se tratara. A mí incluso me gusta. Integras varios cuadritos más, uno por mi amor y otro por tu necesidad de ser amado.

Luego añades tres de golpe. Por ellas. A. S. I. Ya no me gusta el juego. Dejo de mirar. Mi mente se pierde por el cielo azul y rosa. Quiero salir del juego ahora, pero no me dejas. Me está empezando a aburrir. Empiezas a incluir más cuadritos. Uno por tu música, tu guitarra. Quieres añadir otro por mis cuadernos. Esto no te dejo hacerlo, son solo míos. Rasgas las cuerdas mientras miras los cuadritos que están a tus pies. Sabes que estoy ahí, ahora sí. Y me molesta. Rasgas esas cuerdas y a la vez mi alma. Me atormentas. Intento no dejarme llevar pero no puedo.

Tu risa es un cuadrito nuevo. Miras hacia los lados y quedas prendado de las almas puras. Ahora parece que te has cansado. Dices que el juego se volvió rutinario. Me lo pones en las manos contra mi voluntad y te marchas. Silencioso como una nube. Entonces, mirándote como te vas, es cuando integro yo un cuadrito nuevo. Mis lágrimas.

Pasa el tiempo, cierto día te encuentro sin quererlo en las calles de Florencia. Yo había ampliado el juego, había incluido cuadritos nuevos. Por ellos. A. J. G. intentas arrebatarme el juego de las manos, quieres volver a hacerlo tuyo. Hay un leve forcejeo. Nos gritamos como niños pequeños. Ninguno de los dos suelta el juego. Entre tanto forcejeo, Florencia se ríe de nosotros, de nuestra farsa. Das un tirón final y los cuadritos salen todos por los aires. Intentas recogerlos. Años para crearlo y un segundo para romperlo. Yo me río con Florencia de nosotros. Me río mientras intentas reconstruir algo.

Entonces me alejo, sin que ni siquiera lo notes. Ya no estoy ahí, actué a tu manera. Gritas para que vuelva. Decido desde lejos, tan lejos que ni siquiera me puedes mirar a los ojos, empezar un juego nuevo. Mi primera pieza se llama olvido.